martes, 22 de diciembre de 2009




Ojalá todo fuera como la vida de las barbies, poder conseguir un Ken de la nada, que fuera tan perfecto y dijera cosas tan románticas, que nos llevara vestidas de novia sobre un carruaje con caballos blancos. Poder conseguir unos ojos tan celestes sin lentes de contacto, o un pelo tan rubio sin tintura, un cuerpo tan perfecto sin cirugías y una ropa tan limpia y hermosa sin dinero. Como si uno no se comprometiera al aprender a cocinar tan perfecto como ella lo hace, o poder adoptar tantos animales sin necesidad de tener que cuidarlos. La lástima es que son todas iguales, ninguna es distinta a otra. Todas tienen lo mismo y todas tienen su misma historia, un mismo Ken para todas y las mismas distinciones y cosas para hacer. Es por eso que yo me preocupo por cosas que no valen la pena pero vivo de mis problemas, si no, no le daría una característica específica a mi vida. No tiene sentido más seguir imitando a la perfección, menos que menos intentarla, menos que menos hablar en inglés conmigo misma o hacerme la aplicada u ordenada con mis cosas.

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